"Es una mirada que parte del arraigo -a una ciudad, unos paisajes, unos recuerdos-, pero que a la vez, se ha forjado en una distancia crítica que la aleja de toda inocencia. El paisaje que se ofrece es a veces físico -«entre fàbriques i camps»-, pero también, y sobretodo, es un paisaje moral, que comprende los olores de los plumiers de la infancia, los juegos y las canciones populares, el deseo y las frustraciones adolescentes, todo ello fragmentos dispersos de la vida de «aquell infant / contemplatiu» que el autor nos dice que fue. ".
(del prólogo de Josep Maria Ripoll) |